Lila Gasca es abogada y Directora de Pro Bono y Responsabilidad Social en Hogan Lovells México. Cuenta con más de 15 años de experiencia impulsando proyectos de acceso a la justicia, derechos humanos, sostenibilidad, empresas con propósito e impacto social.
Ha sido pionera en la profesionalización del trabajo pro bono en México y es cofundadora de Estándares Pro Bono México. Es consejera del Centro Mexicano Pro Bono A.C., Ashoka, Make a Wish Mexico, Adaptia y TrustLaw Pro Bono Council, Presidenta de la Comisión de Responsabilidad Social Empresarial de ICC México y co-presidenta del capítulo de Latinoamérica de Global Alliance of Impact Lawyers (GAIL).
Su trabajo se enfoca en utilizar el derecho como herramienta para generar cambios sociales y ambientales positivos, fortaleciendo alianzas entre el sector legal, la sociedad civil, empresas con propósito y redes internacionales de impacto.
- Las personas estudiantes en México como motor del trabajo pro bono
Cada 23 de mayo, México conmemora el Día del Estudiante. Esta fecha no solo invita a reconocer el esfuerzo académico de quienes se preparan para ejercer una profesión, sino también a reflexionar sobre el papel transformador que las personas estudiantes pueden tener en la construcción de una sociedad más justa, sostenible e incluyente.
En el caso de quienes estudian Derecho, esta reflexión resulta especialmente relevante. La formación jurídica no debería limitarse al conocimiento técnico de las leyes, los procedimientos o las instituciones. Desde las aulas, las futuras personas abogadas tendrían que comprender que el Derecho no es únicamente una herramienta para cumplir normas, sino también un vehículo para transformar realidades, cerrar brechas de desigualdad, fortalecer el acceso a la justicia y promover soluciones frente a los grandes desafíos sociales, ambientales y de gobernanza que enfrenta nuestro país.
El trabajo pro bono ofrece una oportunidad extraordinaria para acercar a las personas estudiantes a esa dimensión social de la profesión. A través de clínicas jurídicas, pasantías, proyectos comunitarios, investigaciones legales, acompañamiento a organizaciones de la sociedad civil o participación en iniciativas de impacto, las personas estudiantes pueden desarrollar habilidades prácticas mientras contribuyen a causas de interés público. En ese proceso, aprenden a escuchar necesidades reales, entender contextos de vulnerabilidad, analizar problemas complejos y proponer soluciones jurídicas con sentido humano.
El valor formativo del pro bono es enorme. Permite que las personas estudiantes desarrollen capacidades que difícilmente se adquieren solo desde la teoría: pensamiento estratégico, empatía, comunicación clara, trabajo interdisciplinario, responsabilidad profesional y comprensión del impacto que puede tener una asesoría legal bien diseñada. También les permite conocer de cerca los problemas sociales del país y conectar su formación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los derechos humanos, la sostenibilidad empresarial, la inclusión y la justicia ambiental.
Hoy vivimos una transición hacia una nueva economía en la que ya no basta con medir el éxito únicamente a partir de la utilidad económica. Cada vez más empresas, organizaciones e instituciones están incorporando criterios de impacto social y ambiental en sus decisiones. En este contexto, las nuevas generaciones de profesionistas tienen la oportunidad —y también la responsabilidad— de imaginar una práctica profesional distinta: una en la que cada contrato, cada asesoría, cada política interna y cada modelo de negocio pueda ser una herramienta para construir un mejor futuro.
Para las personas estudiantes de Derecho, esto implica comprender que su papel puede ir mucho más allá de interpretar o aplicar la legislación vigente. Pueden aprender a diseñar cláusulas contractuales que promuevan mejores prácticas sociales o ambientales, aunque estas todavía no sean obligatorias por ley. Pueden asesorar a clientes para que incorporen criterios de sostenibilidad, diversidad, derechos humanos o gobernanza responsable. Pueden participar en investigaciones que impulsen reformas legales o en proyectos que fortalezcan a organizaciones que trabajan con comunidades vulnerables. Pueden, desde el inicio de su carrera, entender que la abogacía también puede ser una profesión de impacto.
Pero esta conversación no debe limitarse únicamente a las facultades de Derecho. Todas las disciplinas tienen un papel que desempeñar en la transformación social. Las personas estudiantes de administración, economía, ingeniería, comunicación, arquitectura, medicina, ciencias ambientales y muchas otras áreas también pueden encontrar en el trabajo pro bono, voluntario o de impacto social una forma de poner su conocimiento al servicio de causas colectivas. Los grandes retos de nuestro tiempo requieren respuestas interdisciplinarias, y las universidades son espacios privilegiados para sembrar esa visión.
Por ello, las personas estudiantes también deberían exigir que sus universidades integren de manera más profunda la responsabilidad social, el impacto ambiental y social, la ética profesional y el compromiso comunitario en sus programas académicos. No como actividades aisladas o complementarias, sino como parte central de la formación profesional. La educación superior debe preparar personas capaces de ejercer su profesión con excelencia técnica, pero también con conciencia social y sentido de responsabilidad frente al mundo que habitan.
De la misma manera, quienes inician su vida profesional deberían buscar y exigir espacios laborales comprometidos con el trabajo pro bono, la sostenibilidad y el impacto social. Las firmas legales, empresas, organizaciones y despachos en los que trabajen no solo deben ofrecer oportunidades de desarrollo profesional, sino también mecanismos para que sus equipos contribuyan activamente a causas de interés público. El trabajo pro bono puede ser una de las formas más poderosas de lograrlo, porque conecta el talento profesional con necesidades reales y urgentes.
Impulsar una cultura pro bono desde la etapa estudiantil permite formar profesionistas más conscientes, más sensibles y mejor preparados para responder a los retos de su tiempo. También permite cambiar la manera en que entendemos el éxito profesional: no solo como crecimiento individual, sino como la capacidad de generar valor para otros y contribuir a una sociedad más equitativa.
En este Día del Estudiante, vale la pena recordar que las personas jóvenes no son únicamente el futuro de la profesión; son también el presente de muchas transformaciones posibles. Su energía, creatividad, compromiso y capacidad de cuestionar lo establecido pueden convertirse en un motor fundamental para fortalecer el trabajo pro bono en México.
El reto está en abrirles la puerta, acompañarlas y permitirles descubrir, desde el inicio de su camino profesional, que el conocimiento cobra mayor sentido cuando se pone al servicio de los demás. Porque una carrera profesional verdaderamente exitosa no solo se construye con experiencia, logros o reconocimiento, sino también con la huella positiva que dejamos en las personas, las comunidades y el mundo que compartimos.
Por: Lila Gasca, Directora de Pro Bono y Responsabilidad Social en Hogan Lovells México y Consejera del Centro Mexicano Pro Bono A.C.
