Rocío Yañez es abogada, egresada de la Universidad La Salle de Chihuahua, y cuenta con una Maestría en Derecho Financiero por la Universidad La Salle de Ciudad de México. Desde hace más de siete años, ha trabajado en el sector asegurador, enfocándose en temas corporativos y financieros. Actualmente, se desempeña como Abogada Senior en MetLife México, donde busca aportar con responsabilidad y compromiso al trabajo del equipo legal.
Cada 12 de agosto, con motivo del Día Internacional de la Juventud, vale la pena hacer una pausa y preguntarnos: ¿qué podemos hacer, desde nuestra profesión, para apoyar a las nuevas generaciones?
Cuando pensamos en ayudar a jóvenes en situación de vulnerabilidad o en impulsar proyectos de emprendimiento social, normalmente pensamos en donaciones, voluntariado o actividades comunitarias. Todas son formas valiosas de contribuir. Sin embargo, también existe otra manera de generar impacto: compartir aquello que sabemos hacer todos los días y poner nuestra experiencia profesional al servicio de quienes apenas comienzan.
Quienes formamos parte de equipos legales corporativos estamos acostumbrados a revisar contratos, anticipar riesgos, acompañar negociaciones, diseñar procesos y buscar que las ideas puedan implementarse dentro de un marco jurídico adecuado. Para nosotros, muchas veces, esto es parte de la rutina. Pero para una persona joven que está iniciando un proyecto, una orientación legal clara puede hacer una diferencia enorme.
Muchas iniciativas nacen de una inquietud genuina: resolver un problema de su comunidad, ampliar el acceso a la educación, cuidar el medio ambiente, generar oportunidades de empleo o aprovechar la tecnología para mejorar la vida de otras personas. Sus fundadores suelen tener muy claro el impacto que quieren lograr, pero no siempre conocen las implicaciones legales de poner en marcha una idea. Pueden tener dudas sobre qué tipo de sociedad constituir, cómo proteger el nombre o la marca de su iniciativa, qué debe contener un contrato, cómo organizar la relación entre quienes participan en el proyecto o qué responsabilidades asumen al recabar datos personales.
No se trata de llenar sus proyectos de requisitos, advertencias o documentos difíciles de entender. Tampoco de explicarles todas las excepciones posibles o presentarles una lista de razones por las que algo podría salir mal. Se trata de escuchar qué quieren construir y ayudarles a encontrar una forma segura, viable y clara de hacerlo.
Uno de los mayores aprendizajes de trabajar cerca de los negocios es que el valor de un abogado no está solo en identificar riesgos, sino en ayudar a tomar decisiones informadas. Nuestra función no debería limitarse a decir “no se puede”, sino a explicar qué alternativas existen para avanzar sin perder de vista el objetivo. Esa forma de ejercer la profesión también puede ponerse al servicio de las nuevas generaciones.
A veces, nuestra aportación puede ser tan sencilla como revisar un convenio, explicar en palabras claras las obligaciones de un contrato, orientar sobre el registro de una marca o ayudar a definir responsabilidades entre dos personas que iniciaron juntas un emprendimiento. Para nosotros puede representar algunas horas de trabajo; para ellos puede significar evitar un conflicto, proteger una idea o construir bases más sólidas para crecer.
Otra forma importante de contribuir es hacer que el conocimiento jurídico sea más accesible. Como abogados, podemos acostumbrarnos a utilizar términos técnicos, referencias normativas y documentos extensos. Pero para alguien que no está familiarizado con el derecho, ese lenguaje puede generar confusión o incluso convertirse en una barrera.
Una persona que está por firmar su primer contrato no necesita memorizar la legislación aplicable. Necesita entender qué está aceptando, qué obligaciones tendrá, qué derechos podría estar cediendo y qué consecuencias podrían derivarse de esa decisión. Un emprendedor no necesita una clase completa de derecho; necesita saber cómo proteger su proyecto y qué puntos debe cuidar para evitar problemas futuros.
Por eso, traducir el lenguaje jurídico a explicaciones simples también es una forma de apoyar. Ayudar a que alguien entienda un documento, una obligación o una decisión legal puede darle más seguridad para avanzar. Y esa claridad, en etapas tempranas, puede ser determinante.
Trabajar con jóvenes también nos permite aprender. Nos acerca a nuevas formas de entender los negocios, la tecnología, el impacto social y la manera en que las nuevas generaciones buscan resolver problemas. Nos obliga a pensar en soluciones más prácticas, accesibles y adaptadas a realidades distintas a las de una empresa consolidada.
También nos recuerda que no todas las organizaciones cuentan con los mismos recursos. Una buena solución jurídica no siempre es la más sofisticada o extensa, sino la que responde mejor a la realidad de quien la va a implementar. A veces, la mejor asesoría es aquella que permite avanzar con orden, claridad y prevención, si volver el proceso innecesariamente complejo.
Escuchar sus historias y comprender qué los impulsa puede ayudarnos a recuperar algo que, entre entregables, reuniones y fechas límite, a veces olvidamos: el sentido humano de nuestra profesión.
El derecho está presente en momentos importantes de la vida de las personas. Puede ayudar a proteger una idea, prevenir un conflicto, dar certeza a un proyecto o abrir oportunidades que, de otra manera, podrían perderse. Cuando compartimos nuestro conocimiento con alguien que está comenzando, no solo resolvemos una duda legal; también contribuimos a que esa persona tenga más herramientas para construir, decidir y crecer.
El Día Internacional de la Juventud puede ser una buena oportunidad para hacernos una pregunta sencilla: ¿qué parte de lo que sé podría servirle a alguien que apenas está empezando?
Quizá apoyar a las nuevas generaciones no siempre implique hacer algo extraordinario. Muchas veces basta con compartir aquello que hemos aprendido, explicar con claridad, acompañar una decisión o ayudar a poner orden en una idea. Desde nuestra profesión, también podemos contribuir a que más jóvenes construyan sus proyectos sobre bases más sólidas, seguras y sostenibles.
Por Rocío Yañez, Abogada Senior en MetLife México
