Por Guillermo Díaz Ordaz, Asociado Senior de Protección en ACNUR México.
Cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial de las personas refugiadas y durante el mes se realizan una serie de acciones para dar visibilidad a la situación de esta población y sumar esfuerzos a nivel global para protegerles y garantizar sus derechos. En el marco de este día es importante compartir algunas reflexiones.
La primera es reconocer que hoy son más personas las que exponen sus vidas por huir de contextos de violencia, lo que indica un aumento de personas refugiadas en comparación a décadas pasadas.
La segunda es reconocer las diferencias entre ser una persona migrante y ser una persona refugiada. Tres importantes factores hacen esa diferencia; uno es que las personas migrantes pueden regresar de forma voluntaria a su país, las personas refugiadas no pueden regresar a sus países de origen por motivos relacionados con persecución y violencia; el segundo es que, las personas refugiadas están protegidas por el principio de no devolución, reconocido en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. El tercero es que los propios Estados reconocen esta diferencia, y la evidencia más cercana es lo expuesto por los Estados en la declaración de Nueva York para los refugiados y migrantes de 2016.
La tercera reflexión se centra en que sigue en aumento el número de personas refugiadas a nivel global. Este 2025 desde ACNUR, a través de su reporte Tendencias Globales se reportaron cifras récord, hay más de 122 millones de personas desplazadas de manera forzada por el mundo, 1 de cada 67 personas se ve obligada a huir de su país.
Situaciones como las de Ucrania, Siria, Palestina, muchas regiones de África, harían pensar que América no pasa por una crisis de movilidad importante. Pero lo cierto es que la región, durante los últimos 10 años se ha posicionado con dos de los países que mayor cantidad de personas reciben buscando protección, México y Estados Unidos.
México, se ha posicionado los últimos años dentro del top 5 de los países que reciben mayor cantidad de solicitudes de asilo de personas que no pueden regresar a su país de origen, ya sea porque tienen un temor fundado de persecución de parte de algún agente ubicado en el lugar donde anteriormente vivían, o porque las personas se encuentran en un contexto complejo que tiende a tener como consecuencia conflictos internos graves o violaciones masivas de los derechos humanos.
En 2024 México se posicionó dentro de los 10 países a nivel global en recibir mayor cantidad de solicitudes, tan solo por debajo de Estados Unidos y Alemania. Esto refleja que el desplazamiento forzado no solo requiere la existencia de una guerra evidente como la que vemos a diario en otros continentes, si no que pueden existir contextos en distintas regiones que rompen con la paz y la calma de las personas, obligándolas a huir de sus países, dejando atrás historias, familia, motivaciones, ilusiones, raíces, entre muchas otras cosas que nos vinculan con el país donde hacemos nuestro hogar.
A partir de 2020 a la fecha, México ha acumulado más de medio millón de solicitantes del reconocimiento de la condición de refugiado, dispuestos a encontrar trabajo, colaborar con la comunidad, conocer la cultura, compartir su propia cultura, platillos, costumbres, salir adelante para poder dejar atrás el terror vivido, luchar con múltiples barreras legales, contribuir con sus impuestos, seguir las reglas del país al que llegaron, simplemente buscando dignificar su vida, buscando el apoyo de un país tan enriquecedor como México.
De todas las personas que ingresan a México, más del 50% señala venir huyendo de un contexto de violencia importante. Pero hay algo dentro de este dato sumamente trascendental que debe señalarse, y yo lo he vivido en carne propia al tener la oportunidad de platicar con personas que buscan protección en México. Ante una primera pregunta buscando la manera de informar y a su vez ayudar a las personas refugiadas, muchas de ellas te señalarán que vienen al país por trabajo, sin embargo, si uno conversa más nos hace evidente que vienen huyendo por muchas otras razones adicionales y vinculadas a la violencia y a hechos de naturaleza grave, emergente y en ocasiones imposibles de reparar.
A pesar de que a nivel global, las personas sí encuentran protección en países solidarios y con mecanismos para garantizarles protección, aún existen retos importantes que les impiden integrarse de forma eficiente, y con integrarse me refiero a lograr emplearse en el ámbito formal, lograr acceder a un crédito, obtener una vivienda digna, estudiar una carrera universitaria o terminar sus estudios, tener buena relación con su comunidad, hacer familia, convivir con la que viene con ellos, o que esperan llegar después, si las condiciones se los permiten. El reto principal es la falta de acceso a documentación, y que esa documentación sea reconocida en todos los trámites ofrecidos en México, incluidos los del sector privado.
Estos retos poco a poco han ido mejorando, gracias a la contribución de donantes comprometidos, el trabajo sin descanso de las organizaciones de la sociedad civil, del sector privado incluyendo los despachos que dedican miles de horas al trabajo pro bono, sin toda esta serie de actores, los sistemas de asilo en el mundo no encontrarían fortalecimiento.
En el caso de México, el trabajo Pro Bono es de suma importancia, porque en él encontramos aliados naturales, convencidos de dar un poco de lo que muchos ahora no tienen, y enfocados a brindar soluciones a las barreras legales que viven muchas personas refugiadas que, si bien resuelven, la asistencia legal gratuita viene a darles especial alivio en los momentos tan complejos que viven. Para el ACNUR, el Centro Mexicano Pro Bono es un aliado fundamental para garantizar estas soluciones, a partir de esta alianza la asistencia legal gratuita toma un rumbo más profundo en beneficio de las personas refugiadas.
Por ello, el día mundial de las personas refugiadas llama a todos los sectores, públicos, privados, nacionales e internacionales a reconocer que todos son seres sujetos a la movilidad, solo que algunos no corren con la suerte de desplazarse por propia voluntad, y frente a ello, este es un llamado a la empatía, a la solidaridad, para que podamos seguir luchando por la causa de las personas refugiadas, y podamos día con día vivir en un mundo mejor.
Referencias.
- Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. Artículo 33.
- ONU: Asamblea General, Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes y Marco de respuesta integral para los refugiados: Resolución aprobada por la Asamblea General el 19 de septiembre de 2016. A/RES/71/1, A/RES/71/1, 3 Octubre 2016, https://www.refworld.org/es/leg/resol/agonu/2016/es/112142 [accedida 23 June 2025]
- UNHCR. Global Trends. https://www.unhcr.org/global-trends
- ACNUR. Reporte de monitoreo de protección en México 2023 y 2024. https://www.acnur.org/mx/media/reporte-de-monitoreo-de-proteccion-en-mexico-2023-el-impacto-del-desplazamiento-forzado-en-la; https://www.acnur.org/mx/sites/es-mx/files/2025-06/Reporte%20del%20monitoreo%20de%20protecci%C3%B3n%20en%20M%C3%A9xico%202024_VF%2017Jun.pdf
Guillermo Díaz Ordaz, ACNUR México.